Es un sentimiento extraño,
como un golpe en el pecho que me aturde,
una sensación de vacío que me persigue,
ausencia.
Luna era una perrita Shih tzu que me acompañaba a todas partes.
Como mi sombra.
Iba a cumplir trece años, pero se marchó antes. Sabía que por su edad, esto llegaría de una forma u otra.
Sabía que iba a doler.
Pero no así.
Ella sigue en casa, en su sitio de siempre, por el pasillo o tumbada en un sillón.
No está con su presencia, sino con su ausencia.
a veces, la oigo andar por la cocina, pero sé que no está.
Hay gente que tiene más afecto por los animales que por las personas.
No es mi caso.
Ella me acompañaba a todas partes y yo la sacaba de paseo. Nos acostumbramos a estar juntos.
Eso es todo.
Le gustaba subirse al sofá, a los sillones y a las sillas y se colocaba en la misma postura que la perrita que pintó Velázquez en el cuadro del Príncipe Felipe Próspero.
Antonio Palomino cuenta como Velázquez tenía en su taller "una perrita faldera de lanas que, cuando el pintor entraba en el taller o se ponía a pintar, le hacía mil fiestas saltando a su alrededor, moviendo la cola con alegría y celebrando su presencia de una forma tan humana y expresiva que conmovía a cuantos visitaban al maestro"
Si Velázquez estuviera vivo; me comprendería completamente.






