En Viena, en el año 1960, se celebró el III Congreso Internacional de Artistas, donde se establecieron unas normas internacionales para poder distinguir una obra artística de una copia comercial, dado que aparecían nuevos métodos de reproducción fotomecánica.
Uno de los acuerdos a los que se llegó fue que era necesaria la intervención directa del artista, es decir, que debe trabajar con su propia mano la matriz y que no sea una copia fotomecánica.
También se estableció que se numeraran las series de grabados con el número de grabado, barra, número de la edición, por ejemplo (1/30), para dar a conocer el número total de ejemplares de la edición y evitar fraudes.
Por eso vemos grabados anteriores a esa fecha sin numerar. La numeración es relativamente reciente.
Para evitar ediciones piratas, se acordó que se destruyeran o se rayaran las planchas.
La idea es que el artista siempre tenga el control de la obra y el estampador siga sus directrices.
Esto es una declaración de intenciones, porque es muy difícil comprobar si el artista ha realizado la plancha o, por el contrario, ha llevado un dibujo o la foto de un cuadro y el grabado se lo han realizado en el taller.
Donde no hay duda alguna es cuando el artista es también el estampador y realiza todo el proceso, como es mi caso.
Los grabados que hago se pueden ver aquí:





