A Munch le gustaba hacer réplicas de sus pinturas en grabados porque no le gustaba desprenderse de sus cuadros.
Quizás porque gran parte de la temática de sus cuadros estaba relacionada con su propia biografía, sus recuerdos y sus vivencias.
Una consecuencia lógica de todo esto es que versionara sus cuadros en grabados para vender estos y quedarse con las pinturas.
Pero los grabados transmiten al papel una impronta distinta de la que deja el pincel sobre el lienzo. Además, sus grabados en plancha de madera (xilografías) los hizo de una forma curiosa. En lugar de utilizar una plancha de madera para cada color, usaba una sola plancha que cortaba en varias partes y entintaba cada una de ellas con un color distinto, montando una especie de puzle.
La marca que deja la unión de los fragmentos de la plancha y la veta de la madera hacen que, aunque a menudo usara el mismo motivo en sus pinturas que en sus grabados, el resultado fuera diferente.
Además de la xilografía, hizo litografías y aguafuertes.
Por ello, sus grabados no eran solamente una mera reproducción de sus pinturas, sino versiones de ellas. Por ejemplo, hizo una versión de su cuadro «El grito» en litografía y la realizó en blanco y negro, adaptando la imagen al lenguaje gráfico.
En la web de la National Gallery se cuenta que, en una carta de alrededor de 1898, Munch explicaba que tenía una pequeña prensa con la que imprimía sus grabados y, al mismo tiempo, se quejaba de la dificultad de estampar sus propios grabados. Pero no todos sus grabados fueron estampados por Munch; antes de esta etapa había acudido a estampadores profesionales.
Lo fascinante para él y para todos los que nos apasiona el mundo del grabado es controlar el proceso, porque la estampación también es creativa.
Aquí dejo mi página de obra grafica:
