En la entrada anterior puse el foco en la influencia que tuvo la pintura en la fotografía. Esto era lógico porque el arte pictórico llevaba siglos de recorrido trabajando con imágenes, sin embargo, la fotografía era un arte nuevo y la mirada hacia todo ese reservorio iconográfico era inevitable.
Hoy voy a señalar el fenómeno inverso, cuando la pintura reproduce una foto.
A finales de los años 60 surgió el fotorrealismo. El artista utiliza una fotografía para recopilar información y luego proyecta la imagen sobre el lienzo. Incluyendo los efectos de la fotografía, como la profundidad de campo. Luego llegó el hiperrealismo, que es muy similar, pero exagerando aún más los detalles de las fotos, así aparecen retratos de gran tamaño con detalles como los poros de la piel.
Un ejemplo de ello son los retratos de Chuck Close.
Chuck Close, autorretrato
A mí, personalmente me parece que la foto es un recurso que debe aprovecharse, pero no anular la creatividad del pintor. Uso la fotografía como un modelo cómodo y asequible que, además está por todas partes. Por ejemplo, en este cuadro, el color es distinto al modelo, en los edificios faltan detalles como ventanas y adornos, tampoco hay vehículos ni personas, porque son anecdóticos y porque la pintura no es el modelo ni la realidad, aunque se parte de ella para pintar.
Fernando puente, metrópoli XII, 195 x 260 cm.
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